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Siéntate y te lo cuento - Blog de Antonio Espinosa

Si no lo veo no lo creo

Si no lo veo no lo creo

A veces me pregunto cómo hemos llegado a permitir una sociedad tan injusta en la que sólo viven los mitos que fabricamos y luego destruimos, los adinerados, los chorizos, los corruptos y, por desgracia, los políticos. Sí, vosotros, políticos, también vivís de maravilla y gozáis parcialmente de la categoría de mitos, de figuras que se alzan y se destruyen más tarde. Nosotros, los que votamos y tratamos de vivir de nuestro trabajo somos culpables de no haber encontrado la forma de detener este mundo de desigualdad en el que nos habéis metido los que vivís.
Nadie de nosotros, pensionistas o trabajadores en activo, está seguro en su trabajo. Parece que el siglo XXI ha descubierto una nueva forma de esclavitud sin látigo pero igualmente posesiva.
Yo me rebelo ante ese mundo. Nadie es dueño de nadie pero hay una mayoría que depende de cómo interpreten unos pocos que va la macroeconomía de sus negocios/empresas.
Un país como el nuestro no se puede permitir formar a los jóvenes para enviarlos a trabajar al extranjero. Las migraciones ahora son multitudinarias. La gente huye de la guerra y de la pobreza. El Mediterráneo es una tumba liquida para miles de personas que solo buscan estar lejos de la guerra y la miseria y se encuentran con el sufrimiento o con la muerte.
Desgraciadamente esto es una visión a vuelapluma de nuestro mundo occidental, la cuna de la cultura y del desarrollo tecnológico. La realidad es todavía peor.
Los sindicatos han dejado de proteger a los trabajadores para ser cuna de vividores, con honrosas decepciones. Los políticos están entretenidos en deshojar la margarita y no saben cómo detener la corrupción generalizada que los ahoga.
Ahora le toca a Rajoy negociar para formar un gobierno, dicen unos; ahora es el momento de que muestres tu adhesión a mí, que para eso he ganado las elecciones, dicen otros. Galgos o podencos. Una discusión estéril que nos llevará por tercera vez consecutiva a las urnas y permite que los empresarios hagan de este país un reino de caciques de sus negocios, un país que reúne la corrupción entre empresarios y políticos, un país que lidera la desigualdad y un país en el que el pueblo somos los tontos que votamos y damos credibilidad democrática a esos asuntos.
Si no lo veo no lo creo, dijo san Agustín (su frase fue más larga pero la resumo así). Pues si no lo veo no lo creo, digo yo desde ese momento mágico de la reflexión mental.

El sistema decimal

Pensando yo en la sociedad en que vivimos leí en un medio las palabras “listos” y “tontos” para referirse a las diferentes categorias que reinan en el mundo de los corruptos.

Veamos, ¿se puede decir que hay corruptos listos y corruptos tontos?

Como persona que ha dedicado casi toda su vida a la ciencia, enseguida tuve necesidad de recurrí a ejemplos, es decir, a modelos. Veamos, un ejemplo de corrupto listo puede ser el señor Matas, que ha decidido colaborar con la justicia a cambio de una disminución de la pena, aunque también ha tenido que devolver algo del dinero apropiado indebidamente. Corrupto tonto puede ser el señor Conde, que paga con cárcel y sale a la calle a cambio de una fianza, pero que no ha devuelto ni un euro del dinero indebidamente apropiado.

¿O es al revés? Creo que me estoy haciendo n lío.

Cuando el tonto parece listo y el listo parece tonto, como sucede en el mundo de la corrupcion, lo mejor es acudir al sistema decimal para clasificarlos. En este sentido, recuerdo aquel experto que daba una conferencia sobre las 122 formas de hacer el amor. Un espectador dijo en voz alta que eran 123 las formas contadas. El experto, haciendo lo que yo acabo de hacer, es decir, utilizar un método científico, dijo:
Contemos. Primero él arriba y ella abajo. Y el espectador dijo, así me salen 246.

Sí, amigos, no va a resultar fácil clasificar a los listos y tontos del mundo corrupto porque hay múltiples factores que tener en cuenta.

Por eso se me ha ocurrido aplicar el sistema decimal. Los tontos se dividen en diez grupos y con los listos se hace lo propio, de tal forma que el más listo de los tontos es casi igual que el más tonto de los listos. Y si necesitamos, para ajustarnos cada vez más a la realidad, subdividir cada clase en otras diez pues se hace.
Claro que pensándolo bien las sutilezas que el sistema permite no se ajusta a la desvergüenza de los protagonistas. Todos son corruptos y en el terreno de la corrupcion no existen listos y tontos sino sinvergüenzas, con derecho a vivir un tiempo en la carcel. Y yo diría más: con derecho a vivir siempre en la carcel hasta que no devuelvan lo robado.
Así que este es uno de los pocos casos en los que falla el sistema decimal.

A los canallas.

A los canallas.
A todos los que os habéis colocado en el lado oscuro de la Fuerza os digo:
GRACIAS
Alguno de vosotros (¿por qué debo desprestigiar la palabra ustedes?) pone cara de sorpresa, otros de autosuficiencia -como diciendo, ¿qué querrá este gilipollas?-, los más no se darán por aludidos y pocos, muy pocos, poquísimos, sentirán la mosca detrás de la oreja.
No os preocupéis porque yo, quien os da las gracias, os volveré a meter a todos en el mismo saco, un saco del que jamás debisteis salir.
Os doy las gracias porque me habéis enseñado los caminos por los que nunca tengo que transitar. Si vivir es elegir constantemente la puerta que hay que atravesar, vuestra elección la habéis hecho siempre mirando a vuestro ombligo, a vuestras bastardas barrigas, a vuestras cajas fuertes en las que guardáis lo que nos pertenece a los demás, lo que pertenece al pueblo en su totalidad.
Yo, y millones de personas como yo, elegimos la puerta angosta de la honestidad y de la honradez; en ciertos momentos, nos hicisteis creer que éramos unos egoístas y que vivíamos por encima de nuestras posibilidades. Simplemente porque entendimos que ajustando bien las cuentas de un dinero escaso o justo podríamos pagar la hipoteca y el coche.
Y mientras esto sucedía inventasteis una crisis falsa en sus cimientos porque os dedicasteis al pillaje como vulgares ladronzuelos.
Ya a principios del siglo XX –porque vosotros no habéis inventado nada y todo viene desde que el hombre existe- el periodista y escritor (¿por qué os gustarán tan poco los periodistas?) Julio Camba, escribió que los millones danzan alrededor de vuestras cabezas y bailan una danza invisible para la gente honrada pero tremendamente atractiva para vosotros. Se trata, según vuestras reglas, de coger todos los millones que uno pueda porque así seréis considerados señores de traje y corbata capaz de ocupar ciertos cargos políticos, económicos o sociales. Quien roba poco es un vulgar ladrón.
Pero no contentos con esto os habéis transformado en amantes de la extranjería. Matizo, no porque os dediquéis a ayudar a quienes emigran huyendo de guerras encarnizadas (eso solo está al alcance de gente de bien) sino que os gusta lo extranjero cuando os sirve para llevaros vuestro/nuestro dinero y para no pagar impuestos para construir una sociedad del bienestar. Somos nosotros, los que tenemos una nómina a cambio de nuestro trabajo (una nómina empobrecida por vuestra causa) quienes pagamos nuestros impuestos y permitimos el funcionamiento de algunos servicios en este país que ya no sé ni cómo se llama.
Os habéis instalado en el cinismo, abriendo un camino peligroso que no sé adónde nos llevará.
El primer paso lo dimos millones de españoles de todas las creencias políticas y religiosas que, con nuestro trabajo, sacamos a España de la bancarrota y llegamos a construir el estado del bienestar.
El segundo paso, el inverso, lo estáis dando vosotros y pretendéis que sea un retroceso hasta el punto de partida. Pero olvidáis que ese retorno es imposible. Se hace camino al andar y el regreso al inicio es imposible.
No os preocupéis en exceso. Llegará vuestro verdugo en forma de la Justicia y pronto os iremos viendo entrar en el saco, en el trullo, en el lugar que os corresponde por vuestra posición legal.
Repito, gracias a todos porque me habéis mostrado las puertas que no tengo que atravesar jamás.
A la espera de poder veros en la celda del módulo de gente peligrosa, se despide un ser honesto que podrá visitaros allí y daros, gratuitamente se entiende, clases de ciudadanía.

Relatos para no dormir 1: El cerro lechón

El cerro lechón
Cuando leí por primera vez el cartel que anunciaba que íbamos a atravesar el túnel del cerro lechón no tuve más remedio que dejar volar mi imaginación hasta el límite que quisiera alcanzar.
Al llegar a casa consulté en el diccionario la palabra lechón y son tres sus acepciones:
a) cochinillo que todavía mama,
b) puerco macho de cualquier tiempo, y
c) hombre sucio, desaseado, puerco.
Nada que se ligue a las dos palabras leídas en el cartel de carretera. Las dos primeras acepciones no despertaron mi interés; la tercera sí, y mucho. Por eso me dediqué un tiempo a fabular sobre el túnel, el cerro y el hombre sucio, puerco y desaseado. Pero nada interesante arribó a mi mente y menos aún a mi pluma. Decidí regresar al lugar de autos. Jugándome la vida atravesé a pie el túnel. Nada significativo. Estaba ya a punto de salir por la boca opuesta a la que dejé aparcado mi coche cuando sucedió lo que mi mente no podía imaginar: el dibujo de un hombre con harapos me miraba fijamente desde una de las paredes excavada en la piedra. No pude distinguir si se trataba de un ser vivo adherido a la pared, de un dibujo con capacidad de movimiento o de mi propia imaginación, pero el hombre haraposo no dejó de seguirme con su mirada mientras estuve dentro del túnel.
No me atreví a volver por el mismo camino; los coches no cesaban de pasar y de llamar mi atención tocando el claxon. Una vez alcanzado el final del túnel, trepé por la falda del cerro lechón para alcanzar mi coche. Cuando estaba en el punto más alto del monte mi cuerpo volvió a experimentar otra sensación jamás vivida. El hombre haraposo, el que me miraba adherido a la pared, estaba allí, sentado, como si se tratara del rey de piedras, vientos y silencios.
Me dijo,
-Mejor habría sido desandar el camino.
Mis fuerzas flaquearon y no supe qué responder. Él me dijo:
-¿Qué menos podía hacer por usted que se ha molestado en regresar a este lugar para ver el significado que tiene el nombre de cerro lechón? Ahora que lo sabe, por favor, no se lo diga a nadie; necesito que este lugar sea siempre una tumba tranquila para mí. Regrese otro día y le contaré mi historia y la forma en que me transformé en lo que ve.
Yo no se lo he contado a nadie, pero en este momento he sentido un impulso inesperado, una voz lejana que me ha dicho:
-Ya puedes escribir algo sobre mí.

Diario de un hombre silente 2

Recuerdos, políticos y un cuento burlesco

Nada más despertar puse la radio local, que a esa hora conecta con el programa nacional, con el objeto de enterarme de las últimas noticias. Realmente no suelo prestar mucha atención a esos primeros minutos de cada día porque estoy más interesado en desperezarme y mirar en el espejo las secuelas de una noche de casi insomnio. Tres pequeñas agrupaciones de cabello adornan mi calva. El resto es una pista de aterrizaje brillante y pulida para los mosquitos que me regalan sus visitas nocturnas.
Por un momento detuve la mirada en el san Antonio que adorna mi habitación. Se trata de un cristal pintado del siglo XVIII que me regaló mi amigo Pepe Mercado hace muchos años. Y como sin querer vino a mi mente la imagen de aquel hombre generoso, eficiente, servicial y buen profesor que fue Pepe. Yo tenía 32 años y aterricé en Málaga para echar a andar la aventura universitaria malagueña en forma de Colegio Universitario. Juan Carlos y Sofía eran Príncipes de España y la nación asistía ya a los últimos años de la vida de un dictador que murió en su cama. Allí conocí a Pepe Mercado, secretario del Colegio Universitario y a Mari Carmen, que fue mi secretaria.
No sé por qué cuento todas estas cosas porque entre aquellos años y este día en que escribo mi diario solo hay una persona que fuera protagonista entonces y ahora. Se trata de Paco de la Torre, actual alcalde de Málaga y Presidente de la Diputación entonces.
Así mi mente, además de llenarse de recuerdos, se inundó de imágenes para trasladar a Fátima mis sensaciones. Y saltó la pregunta en mis labios silenciosos:
¿Cómo puede una persona vivir tantísimos años de la política?
tendría que hacer un gran esfuerzo para admitir que se trata de un fenómeno puramente vocacional, per ¿si no es vocacional, de qué se trata?
Fátima, gran conocedora de mis debilidades, dijo:
Se trata de rutina, Antonio.
¿Rutina?, pregunté extrañado.
Sí, uno entra en ese mundo y termina sabiendo que costará un enorme esfuerzo salir de él; entonces se deja llevar por la rutina.
¿De verdad, Fátima, que lo crees así? ¿Dónde dejas la erótica del poder? Verás, la acción política va acompañada por el ejercicio del poder y eso es más peligroso. Yo creo que nadie debería tener ese don de ejercer el poder.
El poder, Antonio, es más farsa que realidad. Toma asiento y atiende a este cuento burlesco que te voy a contar. Un cuento para ser representado.

El Disparate Nacional 3

Atónito, asistimos atónitos al espectáculo titulado El Disparate Nacional 2016. Se trata de una burla política más que de una sátira política. Burla simple y burla de todo y de todos. El gran espectáculo de la burla ha comenzado.
Me va a ser difícil, o casi imposible, describir todas las escenas programadas. Transcurren a tal velocidad que es difícil retenerlas en la memoria.
Escena 1. Habla Rajoy un monólogo.
Ay, mísero de mí, ¿qué delito cometí para que, en oyendo, salga Pedro corriendo y Alberto, Berto para mí, diciendo que sí pero no? Entendés vos?
Traga un sorbo de agua y sigue, no sin antes fijarse en una mosca que gira en torno al vaso. Intenta pillarla y falla.
Ay, pobre de mí, que siendo quien soy y haciendo lo que por bien de todos hice, nadie cree en mí capacidad de diálogo.
Se escuchan voces en of que dicen
Rajoy, a tu casa.
Él presta atención y cree reconocer a Alonso y a Cifuentes, por más señas hombre y mujer, y exclama.
¿Tú también Bruto?
Cae el telón.
Escena 2. Presente: Albert Rivera. Ausente, pero cercano, Pablo Iglesias.
La culpa es tuya Pablete porque si yo me abstengo y Pedro dice no, la presidencia de Rajoy queda en tus manos. Pero, claro, tú solo tienes ojos para tus cuatro grupos parlamentarios porque eres un pesetero.
Algo se escucha pero sin precisión porque Albert continúa diciendo.
Tú has estafado a tus propios socios de coalición porque le has prometido vino de Ribera (obsérvese la astucia de su marketing político) y les estás dando cerveza de baja graduación.
Más voces que culminan en la
Escena 3.
Aparece Pedro El Alto, ataviado con un jersey rojo. Se detiene en el centro del escenario y dice:
No, no, no, no, no, no. Y ¿sabéis por qué? Para que sea sí, sí, sí, sí, sí. Yo seré ese.
Cae el telón y el público ni aplaude.
Se levantan en silencio y salen a la calle.

(Si aplauden este cuento me veré obligado a contarles otros)

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